Explorando Tenerife

Senderismo - Tenerife

2 de agosto de 2025

ZL-07-25

Los últimos días de Julio he aprovechado para hacer una escapada casi relámpago para poder patear la isla de Tenerife con Luna, a la que casi no había visto en un año. Han sido unos días intensos de pateo, con mucho desnivel, mucho sol, pero también con mucho buen rollo y alegría. Casi todo salió perfecto y lo que no, no fue especialmente malo.

Día 1:

  • Ruta: Cruz del Carmen a Punta del Hidalgo (PR TF 10)
  • Duración: 4 horas y 22 minutos
  • Distancia recorrida: 11.4 km
  • Ganancia de altitud: 307 m
  • Pérdida de altitud: 1189 m
  • Más fotos y track del día
Una Luna en la laurisilva
Una Luna en la laurisilva

El día comienza bien temprano -3 de la mañana- donde con el coche y el macuto bien lleno de material (para barrancos y vivaqueo en la isla) conduzco en dirección al aeropuerto de Málaga. El trayecto y vuelo fueron sin contratiempos, pero la verdad es que yo estaba nervioso, porque sabía que iban a ser unos días intensos. Iba a pasar mucho tiempo con la misma persona (más de 100 horas seguidas casi sin separarte) y esas experiencias a veces salen bien (en cuyo caso tienes indicios de que la amistad puede ser duradera) pero a veces también pueden saltar chispas, especialmente cuando el cansancio y la mugre están presentes.

A la llegada a Tenerife ya me estaba esperando Luna, ya que ella llevaba varias semanas trabajando en las islas y había reservado esos últimos días isleños para pasarlos conmigo pateando senderos. Tras un desayuno de productos locales (pulguita de pata y queso del país) condujimos hacia la Cruz del Carmen, en el norte de la isla. En realidad condujo ella, que haría de mi "chófera" todo el viaje :-P. La Cruz del Carmen está en una zona que destaca por sus nieblas y su bosque de laurisilva. Íbamos a empezar con una ruta no excesivamente exigente para ir midiendo nuestras fuerzas. No era muy dura, pero con mucha bajada, que es lo peor para las rodillas. De hecho, hacía 15 años que yo ya había hecho esa ruta con Antonio, Gustavo, José y Félix en medio de una aventurilla ciclista por las Islas Canarias, pero tenía muchas ganas de repetirla porque sabía que era espectacular y que la íbamos a disfrutar. En un par de viajes anteriores había repasado partes de la ruta (comienzo y final) con Noelia, los niños y otros amigos.

Los bosques de laurisilva de la zona son fresquitos y espectaculares. Pueden resultar especialmente fantasmagóricos cuando entran las nieblas, aunque ese día estaba bastante despejado. El descenso no es especialmente complejo y en un momento dado el terreno se despeja de vegetación para dar lugar a un paisaje más árido, pero con unas vistas espectaculares de nuestro destino, la Punta del Hidalgo, ya en la costa y mucho más abajo. Seguimos la senda disfrutando del paisaje, con algunos roques llamativos con unos muros espectaculares formados por la acumulación de lavas entre las grietas de la roca y su posterior erosión.

Chinamada
Chinamada
Roque de los Pinos
Roque de los Pinos
Nuestro destino al fondo
Nuestro destino al fondo
Otra perspectiva del Roque de los Pinos
Otra perspectiva del Roque de los Pinos

Pasamos junto a Chinamada, una minúscula población excavada en la roca que recuerdan totalmente a las casas cueva de la zona de Guadix y el desierto de Gorafe, aunque en este caso agujereando roca volcánica.

El descenso se vuelve más abrupto y el terreno va descubriendo formaciones rocosas cada vez más espectaculares en la roca: desde algunas oquedades medio tapadas por lo que parecían cortinas (pero eran de lava), hasta algunas ventanas que atravesaban los picos más cercanos y que dejaban ver el mar a través de ellas. Llegamos quizás al punto más espectacular de la ruta. Un bolinche -por llamarlo de alguna manera- con un balcón espectacular hacia el mar. Las vistas quitan el hipo en un momento. Allí pudimos, además de hacer algunas fotos, experimentar con nuestras habilidades de cabra montesa para trepar a la cumbre del bolinche para disfrutar un poquito de la altura.

Bolinche
Bolinche
En lo alto del bolinche
En lo alto del bolinche
Entre pinchos y acantilados
Entre pinchos y acantilados
Acantilados
Acantilados
Piscinas naturales de Bajamar
Piscinas naturales de Bajamar

El descenso continua pasando junto al Roque Dos Hermanos, donde cuenta la leyenda que la fractura que separa ambas cumbres se produjo cuando dos hermanos (que no sabían que lo eran) se enamoran y deciden suicidarse desde allí cuando les impiden estar juntos. Al final de la bajada llegamos a la Punta del Hidalgo donde nos estaba esperando Jota, un amigo que durante el viaje nos acompañaría en algunos momentos y nos proporcionó mucha ayuda logística y muy buenos consejos sobre por donde circular, donde comer (ñum!) y con el que pudimos compartir momentos muy agradables de cháchara entre tenedores y chapuzones en algunas piscinas naturales.

Vistas desde Cruz del Carmen. El Teide al fondo se puede intuir entre la calima
Vistas desde Cruz del Carmen. El Teide al fondo se puede intuir entre la calima

De hecho terminamos comiendo junto a las piscinas naturales de Bajamar. Después nos dimos un bañito fresco para reemplazar el sudor seco por la sal marina mientras las olas inundaban las piscinas. Jota nos acercó de nuevo en su furgo a Cruz del Carmen para recuperar nuestro vehículo y dar por concluida la aventurilla del día. Por cierto que pese a que la temperatura se portó muy bien, la insolación canaria hizo su aparición y Luna se quemó bastante el hombro izquierdo, lo que provocó que en los siguientes 4 días gastamos casi medio bote de after-sun. Tras una visita relámpago al super, una cena frugal en el hotel estilo cabra mordiendo vegetales crujientes y una ducha para relajarnos y quitarnos la sal del cuerpo yo caí totalmente exhausto en la cama donde no tardé en dormirme con una sonrisa de oreja a oreja. Muchas horas despierto, un buen pateo pabajo, buena comida y mejor compañía me habían dejado totalmente para el arrastre.

Día 2:

Desayuna bien, que lo vas a necesitar
Desayuna bien, que lo vas a necesitar

El barranco de los Arcos de Chimoche de Tenerife es un barranquillo seco sin grandes dificultades pero ciertamente muy bonito. Los dos primeros tramos ya los había hecho en el pasado con los niños y algunos amigos y la verdad es que nunca ha defraudado. Así que era una buena ocasión para enseñárselo a Luna.

El plan en esta ocasión era aparcar en el área recreativa de la Caldera y allí hacer una aproximación a la cabecera andando. Sería un pateo de una hora y media con un ascenso intenso, ideal para calentar antes de la bajada. Nos pertrechamos con las mochilas, cuerdas, arneses, agua y todo lo que pensábamos que necesitaríamos para el descenso y comenzamos el pateo. Hay que decir que yo siempre he hecho este barranco haciendo combinación de coches, por lo que la aproximación la conocía solo teóricamente. De hecho, en el mapa había marcado un sendero clarísimo. Pero en el mundo real, ese camino no existía. Por tanto empezamos a seguir una tubería que nos había mencionado Jota el día anterior. Pero yo creo (ahora) que esa no era la tubería. Tras un ratejo andando nos estábamos desviando mucho y tomé una mala decisión (que Luna aceptó sin rechistar y que me recriminará hasta el último de mis días). Básicamente intentamos alcanzar una de las pistas que yo recordaba (y están bien marcadas en el mapa). Total, si solo estaba a 300 o 400 metros en linea recta de donde estábamos.

La guerrera caída
La guerrera caída

La zona en la que nos encontrábamos estaba poblada de pino canario y hace pocos años sufrió un incendio bastante espectacular que arrasó bastante superficie. El caso es que el pino canario está adaptado para aguantar el fuego y los árboles aún están vivos y, de hecho, reverdeciendo, pero toda su capa externa está carbonizada. Cualquier roce con ellos hace que te manches de un tizne negro. Además, yo creo que debido a la ausencia de la cobertura de hojas de los árboles (por el incendio), del suelo han brotado los últimos años muchísimas matas y maleza de diverso pelaje. El ascenso fue muy penoso, con multitud de arañazos, mugre y algún que otro ramazo que le endiñé a Luna por no avisarle de que podía rebotarle cuando yo pasara. A mí la verdad es que mancharme o hacerme arañazos no me importa demasiado (es lo que tiene ser un borrico), pero claramente Luna no lo estaba pasando nada bien y me estaba empezando a sentir mal y culpable por ello. Uno de los momentos álgidos de ese tramo de ascensión fue cuando convenimos que nos teníamos que echar más crema, porque el Sol estaba picando bien. Descubrimos que la crema y el hollín se mezclan muy bien y en un momento dado la escena parecía la de dos mercenarios de pacotilla intentando untarse algún camuflaje en mitad de ninguna parte.

Tras un ratito más de ascenso penoso (objetivamente no fue mucho pero seguro que a Luna le parecieron horas) llegamos a la pista que buscaba comidos de mierda y con bastantes arañazos y, en mi caso un pequeño picotazo en la frente del que caía una gotita de sangre, pero que yo no se muy bien cómo me lo hice.

Desde allí el ascenso (aún quedaba) era claro. Los caminos que aparecían en el mapa sí existían en la realidad y pudimos llegar al lado de la primera cabecera sin muchas más complicaciones. Paramos a descansar un poquito antes de equiparnos y comenzar el descenso y picamos alguna golosina.

Más roña y arañazos no cabían, pero nos dejaron entrar al guachinche
Más roña y arañazos no cabían, pero nos dejaron entrar al guachinche

Y ahí fue cuando se reveló una nueva verdad incómoda: Luna me pregunta: ¿Tú has echado los cascos? Yo había preparado las dos mochilas el día de antes con todo lo necesario, pero no había metido los cascos porque los teníamos abajo en el asiento del coche ya que nos los había prestado Jota (no llevé yo desde Granada por falta de espacio). El careto que puse debió ser espectacular, porque en un principio Luna se creía que bromeaba cuando le dije de manera bastante seca: "no". Joder, que coraje y que impotencia me dio. Son cosas que pasan. ¿A quién no se le ha olvidado algo alguna vez? Pero es que encima ya había metido la pata con el camino y, la verdad, tenía muchas ganas de hacer el descenso. Pues nada, se cancela el barranco, porque evidentemente pasamos de correr riesgos innecesarios, que un golpe en la cabeza o una piedra que cayendo puede pasar en cualquier momento.

Para bajar buscamos un camino alternativo mucho más razonable que la maleza y los árboles quemados de la ascensión. La verdad es que al principio del retorno me sentía un poco desilusionado por el fracaso pero rápidamente pensé que estaba donde quería, con quien quería y haciendo lo que quería, con lo que recuperé el ánimo. ¡Qué se le va a hacer! Convenimos que quizás el viernes (el día para el que aún no teníamos plan) podríamos intentarlo otra vez, ya conociendo el camino correcto de aproximación. En un momento dado del descenso, revisando el mapa me di cuenta de que la senda que estábamos utilizando pasaba a unos 15 metros del punto en el que tomé la decisión de meternos campo a través. ¡Me cachis! Si hubiéramos avanzado 15 metros más habríamos hecho el ascenso por una senda decente y no tendríamos tanto arañazo ni tanta mugre ni tanto aspecto de alguien que lleva tirado en un vertedero una semana. Pero claro de estás cosas es más fácil darse cuenta a posteriori.

Una vez en el coche y pese a la mugre (de verdad que era muy espectacular la pinta que llevábamos) decidimos que la mejor manera de quitarse la espinita del fracaso era visitando un guachinche cercano (Casa Ramón, en la Orotava) que nos había recomendado Jota. En ese sitio comimos espectacularmente: unas papas arrugás, garbanzada, unos pimientos del piquillo rellenos y un bacalao con una salsa dulce de manzana y puerros espectaculares. Y como detalle sorprendente, acompañado de un pan negro como el carbón (muy acorde a nuestras pintas, lo mismo fue una indirecta) que por lo visto elabora un artesano de la zona agregando carbón activo a una receta tradicional. No, si encima nos iba a depurar por dentro :). Eso sí, al salir del parking (que me tocó a mí ya que Luna había bebido un pelín de vino) fue difícil porque un conductor decidió aparcar justo enfrente de la salida del parking poniendo muy difícil maniobrar para sacar el coche. Ojalá alguien le rayara el coche.

Garbanzada y pan negro
Garbanzada y pan negro
Pimientos rellenos
Pimientos rellenos. Maemia que güeno.
Bacalao y papas arrugás
Bacalao y papas arrugás

Una vez relleno el estómago, tocaba descansar un rato en el hotel y pensar si hacer algo por la tarde o directamente vegetar en la cama. Por supuesto, la segunda opción no fue seriamente contemplada.

Decidimos salir a visitar la playa de Rojas, en la costa de El Sauzal. Las fotos que habíamos visto del lugar eran curiosas por una serie de huecos en las paredes de roca. Llegamos ya sobre las 19 horas, así que afortunadamente mucha gente ya se estaba marchando y pudimos aparcar (lo cual no es fácil porque no hay mucho sitio). Hay que recalcar que la bajada a la playa por la carretera fue un poco estresante por su estrechez, pendiente y las dificultades para cruzarte con otros vehículos.

Las zonas de baño eran como en tantas otras partes de la isla: pequeñas pozas más o menos naturales llenas de agua de mar. Pero la verdad es que estaban bonitas y el agua agradable. El chapuzón sentó bien. Después nos dimos un paseo por todos los caminos que han preparado (¡muy bien instalados!) por esa sección de costa. Vimos una puesta de Sol cerca de los acantilados e incluso nos dio tiempo a jugar un poco con la cámara del móvil y el Sol. Ya solo nos quedó volver al hotel a reponer fuerzas para el día siguiente poder subir al Teide.

Si me caigo, me mojo
Si me caigo, me mojo
Vigilando el agua, por si las moscas
Vigilando el agua, por si las moscas
Haciendo el tonto (por si no se notaba)
Haciendo el tonto (por si no se notaba)

Días 3 y 4:

Vista aérea de la ruta de subida y bajada al Teide
Vista aérea de la ruta de subida y bajada al Teide
  • Ruta: Subida y bajada al Teide (PNT 07, PNT 07.1, PNT 10, PNT 12, PNT 9, PNT 23)
  • Duración: 14 horas y 29 minutos
  • Distancia recorrida: 25,6 km
  • Ganancia de altitud: 1591 m
  • Pérdida de altitud: 1783 m
  • Más fotos y track de los días

El pateo más exigente de estos dias iba a ser claramente el ascenso al Teide. Yo ya he estado en el pico varias veces. La primera vez para ver amanecer hace 15 años. Fue una experiencia sublime. Posteriormente he estado varias veces. Especialmente memorables las veces que he subido con Jorge y Laura. Pero en todas aquellas ocasiones una parte (o una gran parte) de la ascensión se hizo utilizando el teleférico. En este caso queríamos hacer el ascenso desde una altura similar a la base del teleférico. La planificación de la excursión tuvo su complicación: desde hace un tiempo el Cabildo de Tenerife y Parques Nacionales exigen pedir permisos (gratuitos, pero hay que pedirlos) para poder circular por varios de los senderos. Hace un tiempo casi que solo te bastaba con pedir el permiso para el último tramo (Telesforo Bravo, PNT-10) y si hacías el ascenso de noche para ver amanecer, ni eso.

En principio pensamos en la posibilidad de alojarnos en el albergue del Teide, pero está cerrado por reformas hasta Noviembre de 2025. Así que cambiamos el plan para hacer la mayor parte del recorrido el primer día, vivaquear (que solo se puede en un par de sitios designados) y terminar el descenso al día siguiente. En total hubo que pedir 5 permisos distintos (manda huevos): Para el trayecto de ascenso por Montaña Blanca (PNT-7) hasta la base superior del teleférico que para colmo tiene tramo horario (de 9AM a 3PM pudimos reservar), otro para el tramo superior hasta el pico (PNT-10), también con restricción horaria, en este caso la última hora de la tarde (6PM-10PM), otro permiso para el tramo que desciende hasta Pico Viejo (PNT-9) donde a sus pies dormiríamos (para lo que hace falta otro permiso más) y finalmente un permiso para el recorrido desde Pico Viejo hasta los Roques de García. 5 permisos para una excursión. Viva la burocracia.

Mirándole los huevos al Teide
Mirándole los huevos al Teide

Quedamos con Jota en el parador de las Cañadas del Teide, donde dejaríamos nuestro vehículo. Muy amablemente (¡cómo siempre!) se ofreció para hacernos la combinación y, de hecho, también nos acompañó un pequeño tramo en el comienzo de la ruta (lo que le permitieron las lesiones de las que se está recuperando). Hacer la combinación de coches no estuvo exenta de su idiosincrasia, puesto que el aparcamiento de Motaña Blanca tiene muy poco espacio y cuando llegamos no había hueco para aparcar la furgo. Jota, con su ingenio y experiencia decidió coger su furgoneta a la busca de algún autoestopista que necesitara llegar hasta dicho aparcamiento para recoger su coche, cosa que es bastante normal porque hay mucha gente que hace la excursión al Teide ascendiendo de noche y bajando por la mañana pero usando el teleférico y tiene por tanto que andar unos pocos kilómetros más hasta llegar al aparcamiento. Efectivamente encontró a una pareja en esa situación y fue el típico win-win: ellos se ahorraban un paseo relativamente feo por la carretera y nosotros obtuvimos la plaza de aparcamiento.

El ascenso empieza suave por la pista que sube hasta Montaña Blanca. No es la parte más bonita de la excursión, aunque en algún momento tienes unas buenas vistas de los llamados coloquialmente "huevos del Teide", que son unas bolas de acreción que se forman en un proceso análogo a las bolas de nieve, pero obviamente sustituyendo el agua helada por lava.

Una vez alcanzada la base del cono principal del Teide decidimos hacer un pequeño desvío para "coronar" Montaña Blanca. Total, no supone ni un kilómetro extra y apenas ganancia de altura. Y las vistas son bien bonitas. A partir de ese momento es cuando realmente la cosa se pone interesante. La pista se convierte en una senda con una pendiente importante. Y empiezas a notar ligeramente la falta de oxígeno, especialmente el primer minuto desde que comienzas a andar (en cada parada). Nos lo tomamos con calma y solo con algunas pausas, puesto que íbamos con una temporización acorde con los planes.

El Teide, desde Montaña Blanca
El Teide, desde Montaña Blanca
Montaña blanca, mientras subes al Teide
Montaña blanca, mientras subes al Teide
De los pocos bichos que se ven por allí
De los pocos bichos que se ven por allí

En el ascenso pasamos junto al refugio del Teide, en obras. Allí hicimos otra parada técnica y se produjo un encuentro incómodo entre Luna y un obrero del refugio. Digamos que mientras ella satisfacía alguna necesidad primigenia apareció un obrero que se quedó mirando y se desarrolló un duelo de miradas. Por un lado, un tiparraco pensando "¿qué hace esa tia ahí agachada?". Por el otro, una Luna pensando: "evidentemente no me voy a levantar de aquí hasta que te vayas". Mientras se desarrollaba tan peculiar y silencioso combate, Zerjillo estaba sentado a la sombra pensando en lo bien que se lo estaba pasando y en lo que quedaba por llegar. El resto del ascenso hasta la base superior del teleférico no revistió de ninguna peculiaridad reseñable, salvo que el pico cada vez se veía más cerca y más imponente y notabas claramente como todas las montañas circundantes van quedando más y más bajas.

Zerjillo junto a los alemanes que más quiere: Birte, Levin, Milas, Yara y Hartmut
Zerjillo junto a los alemanes que más quiere: Birte, Levin, Milas, Yara y Hartmut

Llegamos sobre las 3:15PM al teleférico. Justo cuando yo había quedado con mi amiga Birte y su familia que casualmente estaban pasando sus vacaciones en la isla. Habíamos pensado que podría ser chulo tener un fugaz encuentro en un sitio tan peculiar. Hacía unos dos años que no los veía (si no me fallan las cuentas) y la verdad es que me emocioné un poquito. De hecho, los niños no sabían que habíamos quedado allí (ni siquiera que yo estaba en Tenerife) y se quedaron muy sorprendidos de verme allí en todo lo alto. Además, como son una delicia de personas, se habían molestado en subirnos unas coca-colas y botellas de agua fresquitas. Avituallamiento en ruta: ¡eso si que es un lujo! Allí acompañé a mis amigos hasta el mirador de Pico Viejo (que hasta ese mirador no hace falta permiso) mientras Luna se quedaba descansando y sesteando con las mochilas. Allí charlamos un rato, nos pusimos mínimamente al día y nos echamos una foto juntos con volcanes y otras islas de fondo. Les prometí hacer un esfuerzo por ir con Noelia y los niños a visitarlos a Alemania dentro de no mucho tiempo. Esperamos un poco más hasta que llegara la hora en la que teníamos permiso para subir ya realmente al pico y durante la espera estuvimos contemplando la fauna de guiris que desembarcaban y volvían a embarcar en el teleférico.

El último tirón hacia el pico no reviste mucha más dificultad que lo que ya llevabamos ascendido, salvo por el viento que se había levantado que en algunos momentos soplaba unas ráfagas que te desestabilizaban completamente. Recordé perfectamente el viento que había cuando subí con Jorge (¿con 6 años?) que hizo que tuviera que llevarlo de la mano por miedo a que saliera volando y se pegara un buen golpe. Lo bueno de subir en el periodo del atardecer es que ya casi no sube gente (puesto que el descenso ya no puedes hacerlo en el teleférico y la mayoría de la gente no está dispuesta a cansarse). En esta ocasión llegamos al pico y no había nadie, aunque una familia catalana, muy simpática, llegó un par de minutos más tarde. Intercambiamos fotos (ellos a nosotros y nosotros a ellos) y disfrutamos de un ratito de las vistas 360º de la cumbre. La verdad es que es absolutamente espectacular distinguir desde esa altura todas las islas que te rodean, y tanto Luna como yo nos emocionamos. Un momento realmente muy bonito. También hubo momento para el cachondeo y hacer un poco el tonto con las fotos. Mención especial al momento en el que me percaté que me había dejado el cacao para los labios en Granada y usé el que tenía Luna a mano, de color "miércoles de vinos" (manda huevos el marketing), cuando todo el mundo sabe que a mi me sienta mucho mejor el "jueves de cocacolillas".

Más arriba no se puede en España (tocando el suelo)
Más arriba no se puede en España (tocando el suelo)
Ese brazo sobre los hombros de Luna no era por amistad, era por mitigar el pavor que sentía ella de pensar de caerse de espaldas al cráter
Ese brazo sobre los hombros de Luna no era por amistad, era por mitigar el pavor que sentía ella de pensar de caerse de espaldas al cráter
Miércoles de vinos, en el Teide. No se yo si ligo con esa tonalidad labial
Miércoles de vinos, en el Teide. No se yo si ligo con esa tonalidad labial
Foto chorra para el Instagram
Foto chorra para el Instagram

Ya "solo" nos quedaba la última parte del día en la que teníamos que descender hasta Pico Viejo. Como las bajadas las carga el Diablo decidimos salir calculando en llegar a nuestro destino con la puesta de Sol. Ese trayecto no lo conocía pero resulta bastante interesante porque transcurre entre lenguas de lava solidificadas haciendo el sendero verdaderamente abrupto. El cansancio se empezaba a notar y hubo algún resbalón que otro sin consecuencias mientras descendíamos. Pasito a pasito, llegamos a las faldas de Pico Viejo donde nos esperaba una puesta de Sol a-c-o-j-o-n-a-n-t-e. Entre el cansancio, la calima (que le dió un tono extra rojizo al ya de por sí pardo y colorado paisaje), una distribución de nubes peculiar y el Sol poniendose detrás de una isla vecina en el horizonte la verdad es que se me saltaron la lágrimas. Luna y yo nos conocemos desde hace relativamente poco, pero en las aventurillas que hemos compartido hemos disfrutado de algunas puestas de Sol en varios picos que más quisiera mucha gente.

Magec ocultándose tras el horizonte
Magec ocultándose tras el horizonte
No era Marte, pero podría serlo
No era Marte, pero podría serlo
Gusanitos en el Teide
Gusanitos en el Teide
Nuestro alojamiento esa noche era parco en sevicios, pero con unas vistas alucinantes
Nuestro alojamiento esa noche era parco en sevicios, pero con unas vistas alucinantes

A muy pocos cientos de metros ya se encontraba el sitio de vivaqueo donde íbamos a pernoctar. La verdad es que tardamos poco en montar el chiringuito, entre otras cosas porque, según las propias palabras de Luna, su reloj le decía que su batería corporal estaba al 8%, pero ella sentía que estaba al 3%. A mi ambos números me parecen lo suficientemente precisos como para no creérme ninguno, porque ya me dirás tu como se mide "la batería corporal". Tonterías al margen, la zona de vivaqueo tenía algún murete para protegernos del viento (que afortunadamente a esa altura era muy ligero, no como en el pico). Estábamos tan cansados que ni cenamos. Comimos un tronquito de golosina (por hacer el paripé) y al saco. Luna cayó en las manos de Morfeo en escasos momentos. Yo tardé un rato bastante más largo en conciliar el sueño. Pero la verdad es que tampoco tenía prisa puesto que estaba mirando el cielo (que se pondría realmente bonito cuando la Luna se ocultó tras el horizonte), pensando en Noelia y los niños y en como me gustaría algún día cuando estén más fuertes repetir una excursión como esa con ellos.

A las 6 de la mañana una puñetera guiri de voz estriente y que parecía que estaba hueca nos despertó cuando ella ascendía de noche hasta el pico del Teide. Supongo que no se le ocurrió pensar que allí podia haber gente durmiendo, porque iba hablando (¡casi gritando!) a todo volumen. Mientras nos desperezábamos y recogiamos los apechusques pasó otro pequeño grupo de excursionistas. Pero estos NO gritaban. Un frugal desayuno (Luna me ofreció un par de sus peras) y continuamos la marcha con el objetivo de llegar a los Roques de García en unas pocas horas y así poder desayunar en algún sitio un buen café. Continuamos el descenso a buen ritmo, completamente solos y parando en algún momento para pegar un bocado al queso que nos quedaba, hablar con las niñas de Luna (donde había cobertura) y echarnos una foto junto a un huevo del Teide digno de la entrepierna de Guayota. Desde la distancia veíamos como nos aproximabamos inexorablemente a los Roques de García mientras cruzabamos algunas lenguas de lava. Una vez en los mencionados Roques, la vuelta a la civilización quedó patente. Hordas de turistas mucho menos andarines que nosotros pululaban por allí haciéndose fotos junto a dichas formaciones rocosas que, ciertamente, son espectaculares.

El huevo de Guayota
El huevo de Guayota
Va quedando menos
Va quedando menos
Los Roques de García al fondo
Los Roques de García al fondo
Mil pesetas
Mil pesetas

Y ya sí que se terminaba el pateo del día. Aprovechamos para visitar el baño del centro de visitantes de las Cañadas del Teide donde, además, vimos alguna foto chula. Pero allí fuimos a lo que fuimos. Montamos en el coche, desayunamos algo más en un restaurante de la carretera y descendimos atravesando el mar de nubes hasta La Laguna donde compramos algunos vinos para regalar y algunos quesos para nosotros. Fuimos a comer a otro restaurante recomendado por Jota (Rincón Gomero) donde nos pusimos tibios con papas arrugás, una ensalada de tomate, pimiento y pescado frito y carne fiesta.

Por la tarde nos dimos un baño y un paseo por otras piscinas naturales: Jóver y por la zona de El Pris, Mesa del Mar y la Playa de la Arena, que recibe su nombre, supongo, porque es la única con arena de verdad (¡viva las piedras!). Allí nos tomamos un refresco fresquito y unos gusanitos que se le antojaron a Luna (y yo no rechacé). Ya solo nos quedaban 24 horas más en la isla, pero aún íbamos a ver paisajes espectaculares.

Día 5:

Otro buen desayuno para coger fuerzas. En mi caso, el bocadillo más 'guarro' que encontré en la carta
Otro buen desayuno para coger fuerzas. En mi caso, el bocadillo más 'guarro' que encontré en la carta
  • Ruta: Circular Taganana - Afur (PR TF 8)
  • Duración: 5 horas y 6 minutos
  • Distancia recorrida: 12,7 km
  • Ganancia de altitud: 839 m
  • Pérdida de altitud: 915 m
  • Más fotos y track del día

Solo nos quedan unas horas en la isla. A mi me apetecía intentar el barranco fallido de los Arcos, pero Luna no se sentía tan aventurera. Así que nos decidimos por una alternativa, nuevamente propuesta por Jota. Se trata de una ruta circular preciosa que transcurre por acantilados, barrancos y un par de pequeñas poblaciones (Taganana y Afur). En realidad no hicimos la ruta oficial (PR TF 8), sino una variante más corta y con menos desnivel, pero no por ello menos bonita. Después de un desayuno cañero en el kilómetro 5 fuimos al encuentro de Jota que nos volvería a acompañar y facilitar la combinación de la excursión. Mientras que nosotros pateábamos, él se quedaría leyendo en una playa cercana y luego comeríamos juntos.

Acantilados y nubes
Acantilados y nubes

Partimos de Taganana por un sendero que transcurre por acantilados espectaculares donde los juegos de luces que producían las nubes resultaban impresionantes. El camino fue tranquilo y solitario y aprovechamos para contarnos anécdotas del pasado. Algunas bonitas, otras más bien no. El sendero desciende hasta la playa de Tamadite donde había muy pocos bañistas para desde allí empezar a ascender por una senda paralela al barranco de Afur. El ascenso es continuo y escarpado, pero ofrece unas vistas del lugar muy espectaculares.

Nos cruzamos con algún que otro excursionista que hacía la ruta (aunque en sentido contrario) pero, como viene siendo la tónica en este viaje, salvo en los puntos "calientes", estábamos prácticamente solos. El tiempo se estaba portando bien porque el día había amanecido nublado. Eso nos quitó mucha insolación y calor, que con la humedad de la costa habría sido incómoda. Llegamos a Afur, una pequeña población en la montaña. Allí hicimos un alto para picar algo y continuamos con la ruta. En Afur hay un lugar que me resultó especialmente llamativo: unas escaleras con un techo excavado en la roca. Realmente bonito el sitio.

Fue poco más allá del pueblo donde tomamos la variante para acortar un poco la versión "oficial" de la ruta. En cualquier caso, el camino que tomamos estaba perfectamente señalizado y el track que llevábamos era más que correcto. Continuamos ascendiendo y yo culturizándome sobre los mecanismos existentes para conseguir la ciudadanía canadiense, que Luna conoce a la perfección. No creo que me sea muy útil en mi día a día, pero no está de más conocer algunas de las curiosidades al respecto.

Sobre la playa de Tamadite
Sobre la playa de Tamadite
Acantilados
Acantilados
Subiendo hacia Afur
Subiendo hacia Afur
Descansando en Afur
Descansando en Afur
Escaleras en Afur
Escaleras en Afur
Porque el escaldón venía en un plato, que si no no sabría si se come o no. ¡Pero estaba bien bueno!
Porque el escaldón venía en un plato, que si no no sabría si se come o no. ¡Pero estaba bien bueno!

Tras alcanzar el collado hacia el que nos dirigíamos ya solo nos quedaba bajar por una senda que a veces se convertía en pista y que vertiginosamente nos acercaba nuevamente a Taganana. Una vez en el pueblo encontramos un barecito donde nos tomamos un refresco mientras contactábamos con Jota. Él se había encontrado con un colega bombero y su pareja a los que no veía hace mucho tiempo y se había pasado la mañana con ellos de cháchara. Nos recogió y nos fuimos los cinco a comer al guachinche Casa Paca donde comimos estupendamente platos locales (cabra, potas, escaldón y otras delicias) y disfrutamos de la grata compañía.

Tras la comida condujimos por la carretera de vuelta y como nos sobraba un ratito antes de tener que dirigirnos al aeropuerto, paramos en una curva de la carretera y Jota tuvo otro detallazo preparándonos un café y ofreciéndonos una tableta de chocolate buenísimo. Y allí nos lo tomamos charlando de lo divino y de lo humano. Pero todo lo bueno tiene un fin y ya si que tuvimos que dirigirnos al aeropuerto. El vuelo salió con bastante restraso (casi tres horas) pero al final aterrizamos en Málaga como estaba previsto y Luna y yo nos depedimos allí puesto que ella se quedaba en un hotel de la zona para esperar a Mike que aterrizaría un día y pico más tarde desde Canadá. Yo conduje una hora y media hasta casa, pensando en las ganas que tenía de ver a Noelia y los niños y escuchando una lista de Spotify con Pink Floyd, Genesis y otros grandes grupos para entretenerme y evitar que me diera sueño. No pude evitar que se me escaparan otras lagrimillas en el camino pensando lo bien que me lo había pasado estos días en la mejor de las compañias.

Y dejo esto por aquí escrito para cuando quiera recordar este viaje no olvidarme de ninguno de los momentos vividos.

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