La tarde del viernes la aprovechamos para hacer una escapada rápida a la ferrata de Moclín. En esta ocasión éramos un grupo nutrido de ferrateros con algunos principiantes, que lo hicieron muy bien. Después de la ferrata -donde Jorge y Laura la hicieron con una soltura e independencia que me hizo sentirme orgulloso- nos dirigimos a la ferrata que hay muy cerca de Moclín para intentar (en mi caso) el pequeño tamo K5 que hay por allí. No pude completarlo (es duro de narices y las anillas incomodísimas), pero eso no quita que en el futuro lo volveré a intentar de nuevo, que ya se a lo que me enfrento.
Momento estelar de Laura cuando en la travesía horizontal con cadenas le digo: "Oye, lo estás haciendo muy bien esta vez tu sola" y me respondió: "¡Es que estoy feliz!". Se ve que la felicidad ayuda mucho con las ferratas :-)
La mayoría de las fotografías que acompañan esta entrada son de Óscar, Frauke y otros compis de la escapada. ¡Muchas gracias!