Retomamos las ferratas después de las lluvias intensas. Parece que a Joao y a Guille les supo a poco meterse en un agujero, con lo que decidimos probar un poco con las alturas. En esta ocasión Luis también se sumó al entretenimiento. Como siempre, esta ferrata no defrauda. Fuimos por la tarde, tras una comilona de Guille y Joao (que en parte seguro que fue motivo para no probar la escalera de ADN, esa morcilla no acompaña a la trepada) y acabamos justo al atardecer. De hecho la puesta de sol fue muy colorida y agradable (una temperatura alucinante), recordando otros momentos pasados bonitos por aquellos lares.
El único pequeño contratiempo fue que Joao perdió su frontal que casi estaba estrenando... Habrá que buscar otro :-)