Cerca de Atarfe y Nivar, también muy próxima a la Cueva de las Latas se encuentra la Sima de los Maderos. No es una cueva especialmente grande, pero ciertamente sorprende por la cantidad de espeleotemas que tiene en tan poco espacio. Se entra a la sima por un pozo de unos 20 metros sin fraccionamientos. En realidad hay un fraccionamiento pero es evitable sin muchos problemas.
Desde los primeros metros de descenso ya puedes empezar a contemplar cantidad de banderas y orejas de elefante. De hecho cuando llegas al suelo del pozo en realidad te encuentras sobre trozos de roca (con muchos espeleotemas) a través de los cuales habrá que seguir descendiendo por una serie de destrepes que parecen arriesgados pero que realmente tienen muchos sitios donde agarrarse y apoyar los pies. Nosotros bajamos por unos huecos en la pared de la izquierda, pero igualmente existe la posibilidad de usar otros agujeros en la pared de la derecha (por donde, de hecho, salió WeiFang).
Pese a que ninguna de las salas es espectacularmente grande, la cantidad de estalactitas, estalagmitas y otros fenómenos minerales variados es realmente interesante. Además pudimos ver descansando a varios pequeños murciélagos que, por otra parte, nos ignoraron completamente en su siesta. La visita a la cavidad nos llevó entre 2 y 3 horas parando a rebuscar entre todos los agujeros que encontrábamos. Una vez acabada la exploración decidímos acercarnos a la Cruz de Nivar, que está realmente cerca de la boca de la sima. Eso sí, hacía bastante aire, todo estaba muy nublado y húmedo, por lo que retornamos raudos al coche tras hacer alguna foto cómica. De hecho, fue llegar al coche y se puso a llover. Perfect timing.
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