Casi coincidiendo con una superluna (que ya sabemos que quiere decir que la Luna llena se verá un poco más grande que cuando no es "super") hemos aprovechado para hacer la ferrata de La Araña, en Güejar Sierra, en horario nocturno. En esta ocasión Mariví, Oscar, Edmon, Trujo, Esther y yo mismo pudimos disfrutar, otra vez más, de este recorrido acrobático, pero en unas condiciones poco habituales (para nosotros).
La Luna llena es una buena compañera porque ilumina mucho más de lo que pudiera parecer. De hecho durante la mayoría del trayecto no usábamos los frontales (porque no hacía falta), salvo cuando queríamos echarnos alguna foto. El campo de noche siempre transmite unas sensaciones diferentes. El fresquito, la quietud (pese a estar cerca de una población claramente hay más silencio) y también los sonidos de bichillos nocturnos hacen que una actividad que ya has hecho bastantes veces se transforme en algo diferente.
Empezamos con un poco de calor ya que las primeras subidas son más intensas (especialmente la escalera) y nos habíamos puesto manga larga (aunque no muy gruesa) en previsión de que hiciera fresco. Pero la verdad es que a partir de las tirolinas, donde el esfuerzo físico es menor y donde empezó a soplar una brisilla, estuvimos mucho más cómodos con la temperatura.
Sin duda repetiremos actividades nocturnas y más ahora en invierno que oscurece tan pronto.
P.D. La mayoría de las fotos de esta entrada son de Óscar y Edmon.